Condicionantes físicos y geográficos de la península ibérica

“El Océano. El Mediterráneo. La Cordillera Pirenaica. Entre estos límites perfectamente diferenciados, parece como si el medio natural se ofreciera al destino particular de un grupo humano, a la elaboración de una unidad histórica.
En efecto, la posición excéntrica de Iberia, su aislamiento por los Pirineos, las vigorosas peculiaridades de su clima y de su estructura, el atractivo de algunas de sus riquezas, apenas han cesado de darle en Europa, desde la más lejana prehistoria, una originalidad a veces sutil, a veces inconfundible. No se trata tampoco, aunque ello de haya dicho, de que sea “africana”. Algunas constantes naturales han hecho de esta península maciza –especie de continente mayor- un ser histórico aparte.
No vamos a inferir de esto que el mundo ibérico sea un mundo cerrado. Ni tampoco que haya ofrecido a los elementos humanos que lo abordaron condiciones particularmente favorables para su fusión en un todo armónico. Porque este mundo, que por un lado se abre ampliamente, gracias a una acogedora periferia, a las influencias externas de todo género, por otro lado opone pronto a quien quiera penetrarlo más profundamente las múltiples barreras de sus sierras y sus mesetas, el rigor de su clima, la escasez de sus recursos. Al contrario que Francia -peor defendida, pero tan admirablemente articulada en torno a sus ríos-, España no goza de ningún sistema coherente de vías naturales. Ningún centro geográfico puede representar aquí el papel que asumieron en sus países un Paris o un Londres. Estrechos desfiladeros, en las salidas de sus mesetas, cierran casi todos los grandes valles. Tentados estamos de repetir una expresión que  ha hecho fortuna, la de que la Península es “invertebrada”. Por el contrario, en el transcurso del desarrollo de sus recursos humanos, ha sido victima de la impotencia excesiva que tiene
en su estructura física la armazón ósea de su relieve, con daño para los órganos de producción, de asimilación, de intercambio, de vida. Desde la barrera ininterrumpida de los Pirineos centrales hasta las cumbres igualmente vigorosas que dominan Granada y Almería, se extiende la Iberia  montañosa y continental, caracterizada por las dificultades de acceso –de ahí el aislamiento- y por la brutalidad de las condiciones climáticas -de ahí lo precario de los medios de vida-“.
Pierre Vilar: Historia de España. París, Librairie Espagnole, 1975, páginas 5-6. (1ª edición en francés 1947)

Enlace: La singularidad geográfica de España

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